El local es pequeño, con barra de aluminio a la entrada y pocas mesas bien iluminadas al fondo, sus parroquianos habituales y un servicio muy agradable.
En su carta hay sobre todo pescado, que para eso está en Cádiz: marrajo, pez espada, atún, acedías… El marrajo a la plancha está espectacular. Aunque también tienen otras cosillas, todas con una pinta y un olor estupendos.
Y lo mejor de todo, el precio y la cantidad, por menos de 6 € sales bien comido. El domingo pasado, por una caña, un refresco y una tapilla de cazón (2u. bien hermosas, os pongo una fotillo del trozo que me comí yo) nos cobraron 3,70 €
Nota para los “encurtidofóbicos” como yo: si no dices nada te ponen aceitunas en el mismo plato de las tapas/raciones.
El descubrimiento se lo debemos agradecer a Pablo y Su, como otros muchos y buenos sitios de la capital gaditana.

